La discusión pública sobre la situación económica presta mucha atención al boom exportador (argumento optimista) y al bajo nivel de consumo e inversión (argumento pesimista). En mi opinión hay que prestarle más atención al probable curso de los acontecimientos externos de aquí a la elección del año que viene.
Los dos riesgos externos más importantes a tener en cuenta son la crisis fiscal y financiera que puede desatarse en Estados Unido y Europa y la posible depreciación del Real con una recesión en Brasil, que sumada a la agresividad exportadora china, puede afectar mucho a nuestro sector industrial.
Estas circunstancias externas, sumada a la forma que está tomando la contienda electoral interna, pueden provocar un clima de crisis para cuyo manejo no sea suficiente el optimismo inversor y exportador basado en el RIGI.
Hay quienes argumentan que el cepo cambiario a las empresas y el manejo por el Banco Central del tipo de cambio comercial es necesario para enfrentar estos riesgos. Pero en mi opinión, este tipo de organización monetaria y cambiaria acentúa los riesgos externos porque lleva a que no se acumulen reservas suficientes en el Banco Central y se mantenga demasiado alto el riesgo país y las tasas de interés en pesos.
Es por esta razón que insisto sobre la importancia de que el Banco Central acumule muchas reservas a un ritmo diario preanunciado y a financiarse no con deuda interna sino con emisión monetaria.
Para sus pagos al exterior, el Tesoro tiene que comprar dólares en el mercado y lo debe pagar con sus recursos fiscales, no con emisión. En un momento como éste, que el Banco Central compre dólares con emisión para luego entregárselos al Tesoro sería un error, pero no acumular reservas por temor al aumento de la inflación puede resultar un error más grave.
Las decisiones que adopta un gobierno frente a las crisis siempre conllevan algún tipo de riesgo, pero el arte del buen manejo de crisis es minimizar los riesgos evitando los más peligrosos.
En materia de lucha contra la inflación, el riesgo de una eventual crisis cambiaria futura antes de que se logre la estabilización completa de la economía, es más peligroso que el riesgo de emisión por acumulación de reservas.
Estados Unidos y Europa
En los últimos años las economías de Europa y Estados Unidos sufrieron un deterioro del que no han dado cuenta, suficientemente, los mercados accionarios y de deuda. Los principales shocks desorganizadores de las economías de estos dos grandes espacios económicos, han sido la invasión rusa a Ucrania, la decisión de Trump de echar por la borda el sistema comercial mundial que había sido organizado después de la Segunda Guerra Mundial y de iniciar una guerra con Irán sin adecuada inteligencia. Todo esto, enmarcado en un vertiginoso avance tecnológico chino en áreas en las que Estados Unidos creía tener una ventaja indisputable.
No es de descartar que para 2027, luego de un deterioro fuerte del liderazgo de Trump en Estados Unidos sin que se visualice una alternativa superadora desde el Partido Demócrata y del avance de las ultraderechas en Europa, se precipite en el mundo occidental una crisis fiscal y financiera que provoque estanflación global.
En ese contexto, como en el de un agravamiento de los conflictos bélicos, se escuchan opiniones optimistas en Argentina basadas en nuestra disponibilidad de recursos naturales y en la lejanía geográfica de las zonas de conflicto. Yo creo que este optimismo es peligroso.
Brasil
Brasil, que tiene un endeudamiento público muy elevado y una grieta política interna tan profunda como la nuestra, a pesar de la disponibilidad de recursos naturales muy bien explotados, mucho mejor que lo que hemos hecho nosotros, puede también sufrir un proceso estanflacionario de magnitud, no sólo por su situación política y fiscal interna sino por el efecto agravante de la crisis global, particularmente la relacionada con la competencia china.
En esta situación crítica y con Estados Unidos y Europa en crisis, no es descartable que Brasil decida acentuar su integración económica con los BRICS, espacio del que nosotros nos hemos auto excluído.
La importancia de nuestra relación con Brasil no debe ser subestimada. Tanto la estabilización como el crecimiento de Argentina y Brasil durante los 90s y la transformación de Brasil durante lo que va del siglo, se beneficiaron de la relación política y económica bilateral.
Desde fines de los 80, cuando ambas economías estaban sufriendo hiperinflación, nos ayudamos mutuamente. Decisiones políticas bilaterales como la terminación de los conflictos derivados del aprovechamiento de las aguas de los ríos compartidos, la decisión conjunta de adherir al tratado de no proliferación de armas nucleares, así como la negociación y puesta en marcha de la implementación del área de libre comercio del Mercosur (entre 1991 y 1995), fueron muy beneficiosas para los dos países.
Entre 1990 y 1994 Brasil, que aún sufría hiperinflación, se benefició de la experiencia argentina de estabilización cuando diseñó el Plan Real. A su vez, nosotros nos beneficiamos mucho del éxito inicial del Plan Real en 1995, cuando lograron desinflación y reactivación vigorosa, como la que nosotros habíamos logrado a partir de 1991. Argentina pudo superar el impacto de la crisis Tequila en 1995 gracias a que Brasil, con su expansión, se transformó en un demandante vigoroso de nuestras exportaciones.
Durante los 2000, Brasil pudo sostener su crecimiento, superando rápidamente la crisis del Real de 1999, porque imitó en materia agropecuaria y energética lo que nosotros habíamos hecho durante los 90s. Lamentablemente Kirchner revirtió las reformas que habían dado gran impulso a la agricultura y la energía (sobre todo con la reintroducción de las retenciones y la reestatización de la electricidad y los hidrocarburos) y por eso hoy estamos muy rezagados con respecto a Brasil.
Sería un crimen que, por diferencias ideológicas, la cooperación y el comercio entre Argentina y Brasil se transformen en antagonismo y trabas políticas y comerciales.
Libertad, apertura y respeto a los derechos de propiedad
No caben dudas que estos principios, que son los de la Constitución Nacional, son compartidos por la mayor parte de los economistas y políticos que piensan y actúan guiados por el bien común.
Tampoco caben dudas, que las tendencias corporativistas e intervencionistas que se fueron enraizando en nuestra organización económica han desvirtuado estos principios, por lo que el propósito del gobierno del presidente Milei de limpiar a la economía de distorsiones para lograr la libertad y el respeto a los derechos de propiedad en todos los ámbitos y poder integrarla al mundo en forma eficaz, no puede ser menos que apoyada con entusiasmo.
Pero el avance hacia una economía libre, abierta y respetuosa de los derechos de propiedad requiere muchos cambios que no pueden hacerse todos al mismo tiempo, sobre todo porque requieren discusiones legislativas y construcción de consensos que los hagan creíbles y sostenibles.
Una inadecuada secuencia de esos cambios y la falta de apoyos y consensos, pueden llevar a mucha destrucción y muy poca construcción. Y, lo que desde el punto de vista político es aún peor, puede llevar a niveles de insatisfacción social que minen la posibilidad de mantener el rumbo de las reformas y provoquen un retroceso hacia el intervencionismo populista y la inestabilidad macroeconómica.
Si el gobierno sigue manejando la política exterior y la economía como hasta ahora, sin un milímetro de cambios como acaba de decir el ministro Caputo y como viene surgiendo de los discursos del presidente Milei, aquí y en el exterior, sin reconocer los problemas e ignorando incluso evidencias empíricas muy claras, no puede descartarse un traspié en las elecciones del año próximo que signifique un fuerte y costoso retroceso tanto en materia económica como social.
Hay cambios que se pueden producir sin arriesgar los logros en materia de reducción de la inflación.
Acumulación de reservas financiada con emisión monetaria
Si bien no podrían extenderse de inmediato a todos los sectores y tamaños de empresas los tratamientos especiales que el RIGI ofrece a las grandes inversiones en materia impositiva, si es posible extender, sin costo fiscal, los beneficios cambiarios que ese régimen promocional ofrece a las empresas del RIGI. Ellas pueden disponer con entera libertad de las divisas que generan a través de sus exportaciones y no tienen limitaciones para acceder a divisas para sus pagos de cualquier naturaleza al exterior.
Este mismo beneficio se puede extender a todo tipo de empresas y sectores, lo que es fundamental para facilitar la adaptación de las empresas industriales y de servicios a las nuevas circunstancias económicas y para alentar el “emprendedurismo” que siempre se inicia como empresa pequeña para luego conseguir el capital que le permitirá transformarse en una empresa grande y eventualmente, en un unicornio.
Lo único que el gobierno debe hacer es eliminar por completo el cepo cambiario y permitir que se organice un mercado cambiario libre en el que el Banco Central sólo intervenga para comprar reservas y cuando disponga de suficiente poder de fuego, para estabilizar el mercado ante shocks externos que se consideren transitorios.
En este contexto, el Tesoro tendrá que comprar en el mercado, con sus recursos fiscales o con endeudamiento, los dólares que necesita para sus pagos. Al mismo tiempo, el Banco Central debería comprar reservas diariamente a un ritmo preanunciado, por un monto no menor a 15 mil millones de dólares en los próximos doce meses. Esta compra debería ser financiada con emisión monetaria.
El gobierno hasta aquí ha venido diciendo que no quiere hacer esto porque teme que aumente la inflación, pero si se explica bien el sentido de lo que se va a hacer, el efecto inflacionario será mínimo y a poco de andar, será más fácil implementar un plan de estabilización que reduzca drásticamente la inflación con plena reactivación de la economía, como ocurrió en 1991 con el plan de convertibilidad.
El gran beneficio de eliminar el cepo a las empresas y financiar la compra de reservas con emisión monetaria es que ayudará a reducir las tasas de interés, tanto en pesos como en dólares por la disminución del riesgo país y la expansión del crédito bancario en pesos. Será muy bueno si al mismo tiempo se eliminan todos los impuestos que crean una brecha entre la tasa activa y la tasa pasiva del sistema bancario. Por supuesto que sería óptimo acompañar esta decisión con la sanción de normas apropiadas para la organización de un sistema bimonetario como el que propone Horacio Liendo en su libro Dinero Estable. Pero no sugiero demorar la adopción de decisiones en la dirección correcta hasta que se haya sancionado el marco normativo que asegure la continuidad de
Las exportaciones agropecuarias, petroleras y mineras vienen experimentando una expansión pocas veces vistas y el superávit comercial es récord absoluto. Sin embargo, el nivel de actividad económica promedio está estancado desde el último trimestre del año pasado y la tasa de inflación se resiste a bajar del escalón del 2% mensual. Los ingresos reales de la población promedio no se recuperan y el humor social, que durante dos años acompañó con esperanza a las reformas económicas basadas en la disciplina fiscal y la libertad, se está transformando en desilusión y angustia.
La lucha política se está volviendo una batalla de recriminaciones sobre el pasado, sin que se desplieguen propuestas superadoras hacia el futuro capaces de abonar optimismo más allá de los sectores y regiones para los que se crearon incentivos especiales, muy diferentes a los que existen para el resto de la economía.
Cuando la discusión sobre la coyuntura se está concentrando en los vaivenes de los indicadores de actividad económica e inflación, y el presidente dedica sus discursos a explicar por qué los indicadores del INDEC desdibujan la realidad, yo prefiero dedicar mi tiempo a sugerir vías para avanzar tanto en materia de desinflación como de reactivación y crecimiento, sin abandonar la estrategia basada en la disciplina fiscal y la libertad económica.
Por el lado positivo, el gobierno comenzó a tomar decisiones que venían demoradas en áreas como privatizaciones, concesión de obras públicas e infraestructura de transportes. Son decisiones bienvenidas que van a ayudar a la reactivación y al crecimiento.
Pero mejores medidas monetarias y de organización del mercado cambiario tendrían un efecto de lubricación de los engranajes que permitirán darle fluidez a estos estímulos reales.
Y sobre todo, el Presidente y su equipo económico deberían advertir que algunas interpretaciones operativas en materia de secuencia y consistencia temporal, tanto de la estrategia de discipline fiscal y monetaria como de la marcha hacia la Libertad económica, no tienen en cuenta evidencias empíricas extensamente documentadas por la economía positiva.
Remonetizar acumulando reservas propias
Gita Copinath y la mayoría de los analistas financieros, tanto del país como del exterior, sostienen que el Banco Central debería acumular más reservas. Aunque no lo digan expresamente, no entienden porqué el gobierno mantiene el cepo para las empresas.
Personalmente sostengo, desde hace mas de un año, que la eliminaciónn completa del cepo y la acumulación de reservas financiadasc on emisión monetaria, lejos de atentar contra la desinflación, ayudaría a consolidar expectativas de estabilidad en un contexto de mejoras en el nivel de actividad económica en los sectores que muestran signos de estancamiento o retroceso.
La acumulación de reservas ayudaría a bajar la tasa de riesgo país y la emisión monetaria a bajar la tasa de interés en pesos y ambos movimientos alentarían el aumento del consumo y la inversión en los sectores y regiones en los que no se sienten aún los efectos de las inversions del RIGI. Dado que existe mucha capacidad instalada sub-utilizada, el efecto sobre los precios de esta reactivación del consumo y de la inversion no debería ser significativo.
Las expectativas, tanto de estabilidad como de reactivación y crecimiento mejorarían, porque tenderían a atenuarse las dudas que en los últimos meses han comenzado a aparecer sobre la continuidad de la propuesta económica basada en la disciplina fiscal y monetria y la libertad económica.
En la implementación de las ideas, tener en cuenta las evidencias empíricas de la economía positiva.
La ideología del Presidente Milei y de sus mas fieles seguidores, es muy clara y tiene fuerte apoyatura doctrinaria en la Escuela Austríaca. Pero hay aspectos de la economía positiva, que más allá de las ideologías, analiza el comportamiento de las economías en cada tiempo y espacio, que deben ser tenidos en cuenta para la implementación exitosa de las reformas económicas, incluidas las que se inspiran en la escuela austríaca.
Me parece relevante en este momento señalar dos ejemplos en esta materia. Uno referido a la disciplina fiscal y monetaria y otro a la Libertad económica.
Disciplina fiscal y monetaria
La disciplina fiscal es muy importante para la estabilidad y el crecimiento, pero no hay que confundir disciplina fiscal con déficit cero en todas las fases del ciclo económico. Si en circunstancias en la que se manifiestan tendencias recesivas que provocan caídas reales en la recaudación de impuestos, se persigue a ultranza el déficit cero, la consecuencia puede ser un agravamiento de la recesión y que el equilibrio fiscal se transforme en una quimera. A esta situación se la denomina política fiscal procíclica.
En realidad, la disciplina fiscal que ayuda a la estabilidad y el crecimiento es la que asegura que la deuda pública que sube en la fase descendente del ciclo económico, baje cuando el nivel de actividad económica se expande y permite generar superávit fiscal. Es más, consolidado el clima de estabilidad, la disciplina fiscal y monetaria conviene entenderse como el manejo de la deuda pública creciendo al ritmo del Ingreso Nacional, es decir manteniendo una proporción constante con el tamaño de la economía.
En circunstancias como las que se están viviendo hoy en nuestro país, si en el tránsito de aquí a las elecciones del año próximo, para evitar un clima recesivo se incurre en algún déficit fiscal y la deuda pública debe aumentar en forma moderada, eso no significará un retroceso en el plan de reformas económicas en las que está empeñado el gobierno.
Lo que debe evitarse en forma rigurosa es que el Banco Central tenga que emitir dinero para financiar al sector ´público. Cualquier déficit fiscal coyuntural originado en la fase descendente del ciclo económico debe, inexorablemente, financiarse con endeudamiento.
Libertad económica
Avanzar hacia una economía de mercados libres no debe circunscribirse sólo a los mercados de bienes y servicios no financieros. Por el contrario, el funcionamiento de mercados monetario, cambiario y financiero libres es aún más importante que la completa libertad en todos los otros mercados, porque cualquier traba en el proceso de canalización de los ahorros hacia el financiamiento de la inversión, perjudica la eficiente asignación de los recursos y restringe el crecimiento. Esto es particularmente importante cuando las reformas económicas requieren fuertes ajustes en la organización y la orientación de las actividades empresarias y desplazamiento de capital y de mano de obra de sectores que van a declinar hacia sectores que tendrán oportunidad de expandirse.
Buenas reglas de juego abonan expectativas positivas, intervenciones discresionales e impredecibles, sólo acentúan la incertidumbre y la desorientación.
Bueno, además vamos a hacer una especie de pacto de lectura, como siempre hacemos con nuestra audiencia. Tengo una relación con Domingo de afecto de hace muchos años, más de 40 años, y siempre valoré muchísimo su capacidad intelectual y política. Hoy vamos a tener la posibilidad de tener un largo reportaje, de casi una hora de conversación. Han aparecido muchos reportajes suyos este último fin de semana donde usted marcaba que, mucho más importante que bajar la inflación de dos a uno o de uno a medio punto, es que el crecimiento de la Argentina pase de tres a seis u ocho. Me gustaría que compartiera con nuestra audiencia primero lo que estuvo diciendo en los medios últimamente y luego iremos agregando temas.
Para que se consolide un plan de estabilización y perdure en el tiempo, al igual que las reformas estructurales en general, es muy importante que produzca resultados que hagan que la gente se sienta plenamente satisfecha y apoye el plan con su voto y con su seguimiento. Lo que sostengo es que hasta ahora el gobierno ha logrado la baja de la inflación, y eso sin duda trae beneficios a mucha gente, pero quedan siempre los efectos recesivos que tienen todos los planes monetaristas de estabilización. En mi opinión, el gobierno tiene que atacar ese flanco. Para eso es fundamental que se creen condiciones para el financiamiento adecuado del sector privado: de todo tipo de empresas y también de las familias, con plazos y tasas de interés suficientemente bajas. Vengo dando algunas ideas que, lamentablemente, el gobierno no ha tomado en cuenta hasta ahora, pero que tienen que ver con lo que pensaba Javier Milei antes de la campaña electoral. Trato de enlazar mi propuesta con lo que era su discurso anterior para ver si puedo convencerlo de encarar estas soluciones y lograr no solo una reactivación, sino un crecimiento rápido de la economía. Eso es fundamental. Cuando me dicen si es posible, respondo: ¿cómo no va a ser posible? A los mil días del inicio del gobierno de Menem, cuando lanzamos la convertibilidad…
La convertibilidad se lanza en una fecha similar.
A los mil días y cuando faltaban ocho meses para las elecciones de medio término.
Exacto.
Conseguimos no solo bajar a menos del 1,5% mensual la inflación que venía del 20% mensual…
Una inflación mucho mayor que la que tomó Milei, obviamente.
Claro. No solo logramos la estabilización inmediata de la tasa de inflación, sino que el primer año hubo un crecimiento del 10% de la economía. Eso se debió a que el anuncio y la puesta en marcha de la Ley de Convertibilidad, junto con la total libertad para el movimiento de capitales y el funcionamiento del mercado cambiario, crearon mucho crédito interno y externo para el sector privado. Eso permitió mucha inversión, sumado al plan de privatizaciones y al aumento de productividad que enseguida se notaron en la economía. Creo que eso mismo lo podría lograr Milei si le prestara atención a la necesidad de organizar un sistema monetario, cambiario y financiero. Estas cosas requieren una explicación detallada…
Acá tenemos tiempo, explíquelas, lo escuchamos.
Justo en el reportaje que salió ayer en Clarín trato de explicarlo en detalle. Además, hace poco di una conferencia en la Academia Nacional de Ciencias Económicas donde me dediqué a hacer un raconto de cómo se relaciona la moneda con el crédito y con el crecimiento en muchas economías emergentes que han tenido esta experiencia. Hay una cuestión que es fundamental: cuando una economía ha estado dolarizada de hecho o de derecho en un alto porcentaje —porque la gente piensa y sigue pensando que el dólar la protege mejor que la moneda local contra la desvalorización—, el éxito de un plan de estabilización depende mucho de que se deje que el dólar funcione en la práctica como moneda de curso legal. Una de las primeras cosas que debería hacer el gobierno de Milei es declarar al dólar de curso legal y permitir que se puedan hacer todo tipo de transacciones, no solo de contado, sino también de mediano y largo plazo, e intermediación financiera del mismo tipo que la que se da con el peso. Además, el Banco Central tendría que acumular reservas con emisión monetaria. No le tiene que tener miedo a la emisión monetaria para comprar dólares y acumular reservas, aprovechando que los exportadores están obligados a venderle las divisas al Central. El solo hecho de que el Banco Central acumule reservas permite pensar que se va a poder cumplir con las obligaciones del exterior. Por otro lado, el gobierno tiene que comprar los dólares para el Tesoro para pagar los servicios de la deuda. Eso tendría un efecto muy beneficioso en términos de acelerar la caída del riesgo país y abrir acceso al mercado de capitales a tasas más razonables, lo cual es muy importante para el sector privado y para el propio sector público. Todo eso debería inducir a que renazca el crédito en pesos y en dólares para el sector privado a tasas razonables. Facilitaría el proceso de inversión y el aumento de la competitividad. Se habla mucho de que las empresas orientadas al mercado interno tienen que reconvertirse para poder exportar. Toda reconversión requiere inversión en capital de trabajo y en activos fijos, y eso solo se puede encarar a nivel de las pequeñas, medianas y grandes empresas si hay financiamiento. Sin financiamiento es muy difícil llevar adelante un plan de reestructuración empresarial.
Si no entiendo mal, Domingo, lo que usted dice es que el gobierno tendría que eliminar cualquier cepo, también para las personas jurídicas, y enviar una señal de certeza respecto de cuál va a ser la política cambiaria.
Así es. En materia cambiaria hay que dejar que se organice el mercado sin que el Banco Central esté en el centro. Los exportadores tendrían que poder vender las divisas en el mercado a quienes quieran y cuando quieran, y los importadores tendrían que ir a ese mercado a comprar las divisas, no a un mercado que maneja exclusivamente el Banco Central. ¿Participan el Banco Central y el gobierno en el mercado cambiario? Sí, pero el Banco Central solo para acumular reservas y el Tesoro para comprar con recursos propios las divisas que necesita para cumplir con sus pagos en el exterior. Esta organización va a dejar que el tipo de cambio vaya al nivel que tiene que ir. Algunos dicen que tiene que ser alto o bajo; no, el tipo de cambio tiene que ser de equilibrio en un mercado que funcione con libertad.
Si lo interpreto bien —y usted me corrige—, el gobierno no hace esto porque supone que le generaría algunos puntos más de inflación inicialmente. Tiene como único objetivo un porcentaje de inflación menor, mientras que usted señala que sería mejor aspirar durante un tiempo a un porcentaje un poquito mayor de inflación, pero a un crecimiento mucho mayor.
Yo no lo pondría en esos términos, porque un buen manejo monetario, cambiario y financiero, lejos de provocar una tasa de inflación mayor por algunos meses, ayuda a consolidar un ambiente de desinflación. Sobre todo porque removería del horizonte la expectativa de que, cuando se unifique y liberalice el mercado cambiario, habrá un salto en la cotización. No necesariamente ocurriría, y menos en un momento como este, donde hay abundancia de dólares comerciales provenientes de la exportación.
O sea que podría bajar la inflación.
Podría bajar por el efecto beneficioso del acceso al crédito externo a tasas normales de interés para el sector privado, y por el mayor financiamiento que encontrarían las empresas para reconvertirse dentro del sistema argentino, ya sea en pesos o en dólares.
¿Por qué no lo hace entonces? Si la promesa era terminar con la inflación, uno podría entender que priorice bajar la inflación a costa de retraer el crecimiento con un objetivo político en función de las elecciones. Pero si pudiera lograr las dos cosas juntas, ¿por qué no lo hace?
Creo que es por miedo. No sé si del propio Milei o del ministro de Economía. A lo mejor el mismo Milei tiene miedo de que los que quieren perjudicarlo se pongan de acuerdo para demandar muchos dólares, hacer subir de forma artificial el tipo de cambio y provocar en lo inmediato la sensación de que la inflación ya no baja o de que ha fracasado el plan de estabilidad. En mi opinión, ese temor es infundado. Primero, no hay que compararlo con lo que pasó el año anterior, cuando hubo un salto cambiario por mayor demanda de dólares debido a que habían dejado atrasar el tipo de cambio antes de ese episodio. Por ejemplo, cuando lanzamos el plan de convertibilidad, yo había dejado flotar libremente el tipo de cambio antes de estabilizarlo.
Pasó de 5 a 10, si no recuerdo mal.
Pasó de 5 a 10 y, sin embargo, después la inflación bajó rápidamente. O sea que no hay que tener ese temor; no se produciría ahora un salto cambiario desestabilizador. El año pasado, como se había atrasado el tipo de cambio, cuando empezó a subir la gente pensó que seguiría subiendo. Por otro lado, hubo un manejo muy arbitrario de la liquidez bancaria: se les ocurrió que las Leliq debían contabilizarse como pasivos del Tesoro, aunque el Banco Central siguiera pagando la tasa de interés. Eso hizo mucho ruido en el mercado y las tasas volaron, creando la sensación de un ataque al programa de estabilización. Para mí no era un ataque, sino la consecuencia de errores cometidos previamente. Después intervino Scott Bessent, tranquilizó las aguas y eso ayudó al gobierno a ganar la elección. Ahora, si primero dejan flotar libremente en un mercado totalmente libre con el manejo cambiario que describo, las expectativas a futuro van a ser favorables para consolidar la estabilidad. La idea de que se pueden poner de acuerdo para golpear al gobierno y hacer subir el dólar es infundada. Los especuladores normalmente apuestan en contra de algo que el gobierno no puede sostener en el tiempo. Cuando funciona un mercado enteramente libre, quien quiera desestabilizar tiene que enfrentarse con otros miembros del mercado que operan con distintas expectativas. Es un error tenerle tanto miedo a un ataque cambiario. El antídoto contra cualquier ataque es haber acumulado reservas. Si el gobierno acumula reservas y hace bajar el riesgo país, se reducen las chances de que alguien invierta dinero para tratar de voltear al gobierno vía un ataque a la moneda.
En los años 90 usted hacía gala de no ser ortodoxo, sino heterodoxo. Su plan de convertibilidad fue incluso en contra de las recomendaciones del Fondo Monetario Internacional. Usted siempre rescató su capacidad de interpretar distintas corrientes de la economía adecuadas a cada momento. Al mismo tiempo, la convertibilidad fue inicialmente muy expansiva: el Producto Bruto creció un 10% el primer año. ¿Es posible que al ministro de Economía —al no ser economista sino financista— y al presidente —al hacer gala de su ortodoxia— les falten herramientas para complementar y producir crecimiento, y que la falta de desarrollo sea el resultado de esa carencia intelectual, cognitiva o de experiencia?
La cuestión de si uno es ortodoxo o no depende de la definición que se le dé a la ortodoxia. Por ejemplo, cuando el Fondo Monetario objetaba al principio el plan de convertibilidad, lo hacía porque yo había decidido llevar a cero las retenciones agropecuarias y eliminar restricciones a las importaciones, lo que significaba reducir ingresos por aranceles. Ellos calculaban cuánto se perdía de recaudación por esas dos medidas fiscales. Yo les decía que no se podía hacer ese cálculo sin ver el efecto recaudatorio global que tendría eliminar un impuesto que gravaba las exportaciones. Les dije: «Vuelvan a Washington, déjennos implementar el plan tal como lo tenemos pensado». Lo paradójico fue que en el primer trimestre la recaudación aumentó. Aumentó por algo que la ortodoxia decía que iba a jugar en contra: el efecto Olivera-Tanzi. El efecto Tanzi se utilizaba para explicar cómo la inflación erosionaba los recursos fiscales por la demora en la cobranza de impuestos. Yo pensé que si lográbamos estabilizar y bajar la inflación de inmediato, el efecto Tanzi jugaría al revés: como los recursos vendrían a la tasa de inflación del pasado, recibiríamos muchos más recursos. Y así fue.
Pero usted nunca fue dogmático, eso es lo que quiero remarcar.
En economía no se puede ser dogmático. No se puede decir, como sostiene ahora Milei —y antes no lo decía—, que la emisión monetaria es la causa única de la inflación y que bajando el ritmo de oferta monetaria la inflación va a desaparecer. Eso es una teoría cuantitativa ingenua. Milton Friedman no estaría de acuerdo con esa afirmación. Él hablaba del control de la cantidad de dinero en un período donde había habido una expansión exagerada. Pero después, tanto Friedman como sus seguidores —por ejemplo Bob Lucas, que obtuvo el Premio Nobel, o John Taylor, autor de la Taylor Rule— abrevaron en el monetarismo, pero con una gran dosis de realismo. Esa es la regla que tratan de seguir los bancos centrales de todo el mundo para el manejo monetario. Hay una inercia de la que tenemos que hablar. Es mucho más importante el análisis de la realidad del país donde se debe actuar que las doctrinas económicas en el aire. ¿Es ortodoxo adherir a ciertas ideas y aplicarlas inexorablemente de forma dogmática? No. Para mí, ser ortodoxo es mirar la realidad y entender qué va a funcionar para esa realidad. Una cosa son las doctrinas que se tratan de aplicar y otra es la instrumentación, que tiene que ver con la realidad de la economía.
Le pregunto por alguien a quien usted conoce, que ha sido columnista del diario Perfil y a quien estimo personalmente, pero conozco su dogmatismo: Federico Sturzenegger, a quien usted tuvo en su momento. ¿Puede haber un problema con Sturzenegger al decir que no hay que aflojar ni cambiar, ni ayudar artificialmente a la reactivación económica, quedando prisionero de sus propias doctrinas?
Él está abocado a la desregulación de la economía. Ir hacia una economía organizada sin ningún tipo de regulaciones sería muy bueno, y él está trabajando bien en tratar de desregular distintos sectores y distintos aspectos de la economía. Nosotros también avanzamos en desregulaciones.
Había convocado a Pablo Rojo, si no recuerdo mal, quien fue economista jefe de Perfil durante muchos años.
Así es. Él redactó ese famoso decreto de desregulación de 1991. La metodología que utilizaba era la que veníamos desarrollando en la Fundación Mediterránea: estudiar cada sector y región para desregularlo, determinando qué aspectos impedían la inversión eficiente y el aumento de la productividad para remover esos obstáculos. Sturzenegger aplica una metodología similar, aunque a mí me da la impresión de que lo hace sin tener tan en cuenta la realidad del sector o de la región sobre la que van a incidir esas regulaciones. El asunto es extender las desregulaciones al universo lo más rápidamente posible. Veo una cuestión clave: él no maneja las regulaciones referidas a temas monetarios, financieros y bancarios. Tampoco se va a poner a criticar cómo las manejan Milei y Caputo. Respeto mucho que Sturzenegger no opine ni actúe sobre áreas que no son de su competencia. Por otro lado, hay áreas que estoy seguro de que él quisiera desregular, pero donde existen lobbies muy poderosos que lo impiden. Eso lleva a que haya declaraciones sorprendentes de Milei en defensa de esos lobbies.
¿Cuáles son esas áreas, Domingo?
Tomemos el caso de Tierra del Fuego. Todo el mundo sabe que ahí ayudaría mucho una desregulación bien hecha que no perjudique a los trabajadores, ampliando las bases económicas de la isla, apuntalando la investigación y el turismo en un lugar tan lindo. Ahora que van a crear una base naval ahí, se crean oportunidades de empleo en actividades con proyección de futuro. Sería muy deseable remover las reglas tan diferentes que hay para la actividad industrial entre la isla y el resto del país.
Y la cuestión cambiaria, si no entiendo mal. Una de las formas de regular es ir al mercado cambiario.
Exacto. Una vez le pregunté a Sturzenegger cómo entendía Milei que fuera positivo dar todos los privilegios a las grandes empresas que invierten en minería mediante el RIGI. Él me dijo que se lo había preguntado a Milei y que le dio una respuesta satisfactoria: que en dos años todos los beneficios del RIGI los va a recibir la economía entera. No habrá un tratamiento diferencial, excepto en el mantenimiento de las reglas de juego a 20 años, algo entendible para quienes invierten capital a largo plazo. Pero el tratamiento impositivo y el cambiario lo van a tener todos en dos años. Mi sugerencia actual es que, por lo menos el tratamiento cambiario, que no tiene costo fiscal, se lo den desde ya a todos. De ahí mi insistencia en que eliminen el cepo a las empresas y las restricciones al movimiento de capitales. Que declaren definitivamente que la economía argentina va a tener un sistema cambiario donde los exportadores e importadores no estén obligados a operar a través del Banco Central, sino que funcione el mercado, extendiendo los beneficios del RIGI a toda la economía.
En economía se utiliza mucho la metáfora de la cocina: con los mismos ingredientes se puede hacer un plato horrible si se pone primero lo segundo y segundo lo primero. La secuencialidad es muy importante. Entiendo de sus palabras que lo primero que tendría que haberse ordenado, el punto cero, es el sistema cambiario.
Así es, el sistema monetario, cambiario y financiero. Porque, por ejemplo, un ingrediente esencial de esta transformación que yo estoy pregonando y que, en mi opinión, la podrían hacer muy rápido, es eliminar todos los gravámenes que encarecen el crédito. Doy un ejemplo que me tocó vivir y que era muy resistido por la Asociación Bancaria, que en ese momento la presidía Juan José Zanola: la eliminación de un 2% de aporte sobre la tasa activa que iba a la obra social bancaria. La eliminamos. Después se volvió a reintroducir, pero mientras yo estuve en el Ministerio de Economía eso se eliminó. Y así buscamos eliminar la Ley de Sellos con jurisdicción solo en la Capital Federal, porque en las provincias dependían de decisiones que tenían que tomar las administraciones provinciales. Pero también negociamos con las provincias una forma de aplicación de Ingresos Brutos que no generara un efecto cascada sobre la actividad económica. Es decir, queríamos que el crédito fluyera a los tomadores teniendo en cuenta la tasa de interés que tenían que cobrar los bancos, pero removiendo todos los impuestos que la encarecían. Ahora son muy altos esos impuestos y, por lo tanto, son una de las causas de que la tasa de interés sea tan alta; no es solo por el manejo monetario y cambiario, sino por el régimen impositivo. Entonces, una buena reforma monetaria, cambiaria y financiera debe contemplar también este tema tributario. Siempre se dice: «Bueno, pero si sacan los impuestos se agrega un problema fiscal». Mucho peor es el agravamiento del problema fiscal si las tasas de interés que tiene que pagar el propio Estado son exageradamente altas. Eso también es gasto público. Y mucho peor si ese sistema impositivo restringe la posibilidad de inversión del sector privado. Lo que se necesita es una preocupación, una toma de decisiones y una explicación. Es muy importante que todos los operadores económicos entiendan los cambios que se están produciendo y su efecto hacia el mediano y largo plazo. En ese sentido, Federico Sturzenegger explica bien cada uno de los cambios que quiere introducir y qué efectos deberían producir. Pero lo mismo hay que hacer en todo el ámbito monetario, cambiario y financiero del que estoy hablando.
Domingo, usted acaba de decir: «Cuando yo ya no hablaba con Milei, le pregunté a Sturzenegger…». ¿Qué pasó que dejó de hablar con Milei?
Se enojó conmigo porque yo, desde el vamos de su gobierno y por obligación profesional —era lo que le enviaba a mis clientes de consultoría—, escribo un informe mensual. Siempre lo hice, no con un sentido de crítica, sino de sugerencias sobre lo que el gobierno podía hacer mejor para obtener mejores resultados. A mí nunca me gustó que controlaran el tipo de cambio para bajar la inflación. Me dicen: «Pero usted controló el tipo de cambio con el uno a uno y ahora se opone a que el gobierno maneje el tipo de cambio». Yo dispuse que la moneda argentina estuviera respaldada en dólares, pero con total libertad para comprar, vender o mover capitales con el exterior.
Usted señala que una cosa es que el cambio sea fijo y otra es que haya libertad de cambio. Usted tenía cambio fijo, pero con libertad de cambio.
Así es. Y además, eventualmente, se podría haber avanzado hacia la libre flotación cuando fuera oportuno. Pero el control de cambio que hicieron y el manejo cambiario para bajar la inflación, junto con la eliminación del déficit fiscal —que era ineludible hacerlo—, fue provocando un atraso cambiario. Cada vez que se provoca un atraso cambiario, después se corre el riesgo de que haya un salto devaluatorio y que desconcierte a todo el mundo. Por eso, a lo largo del año 2024 tenían que bajar el déficit fiscal y tratar de estabilizar, pero sin dejar atrasar el tipo de cambio. Yo sugería que controlaran nada más que el tipo de cambio comercial por un tiempo y dejaran un mercado totalmente libre para todo otro tipo de transacciones, de tal manera que eventualmente se fueran unificando. Un plan de estabilización debía lanzarse formalmente, con una meta de inflación realmente baja, cuando se hubieran acumulado suficientes reservas como para comprometer una política cambiaria definida y cuando se hubiera logrado liberalizar totalmente el mercado cambiario. Yo indicaba una fecha que era fines del año 2024. Obviamente, si se hacía lo que yo pregonaba, la tasa de inflación en el 2024 no hubiera bajado tanto como bajó, pero el país hubiera estado preparado a principios del 2025 para implementar un verdadero plan de estabilización que produjera no solo una caída de la tasa de inflación, sino una reactivación y crecimiento de la economía. Eso es lo que yo venía diciendo, y lo habíamos discutido incluso con Luis Caputo antes de que él se hiciera cargo. Yo le sugerí a Joaquín Cottani, que había sido un gran colaborador mío y es una persona muy capaz, que fuera el viceministro de Economía para implementar una solución de esa naturaleza. Pero, por razones que no entiendo —no sé si fue el propio Milei o Caputo—, tomaron otro curso. En aras de producir una baja drástica de la inflación ya en el año 2024, no trepidaron en utilizar el tipo de cambio y mantener los controles; no liberalizaron ninguna parte del mercado cambiario.
Las personas físicas a partir del 2025…
Sí, pero en 2024 ninguna. Creo que la sorpresa que tuvieron en el 2025, que desconcertó al propio gobierno y lo obligó a buscar el apoyo de Scott Bessent y Donald Trump, tuvo que ver con lo que había pasado hasta ese momento.
Usted contó que…
Milei se enojó conmigo. Me mandaba a decir que yo estaba equivocado y se quejaba de que lo criticaba. Yo le mandaba mis informes y le decía: «Mirá, esto no es para criticar, es una sugerencia». Pero un día me escribió un mensaje de WhatsApp diciendo que rompíamos relaciones, que me bloqueaba y que yo era un ingrato porque él me había apoyado mucho ante la opinión pública cuando yo estaba desprestigiado, y que le estaba siendo desleal. Creo que estaba equivocado, pero bueno. A partir de ahí seguí con la misma actitud de hacer sugerencias constructivas, pero ya no tuve diálogo con él. Sé que sus colaboradores leen las cosas que escribo y espero que escuche. No sé si escuchará.
Usted contó también en el reportaje de Clarín que Milei le escribía a su hija…
Nono, mandaba a colegas de mi hija a decirle: «Mirá, tu papá está criticando al gobierno». Mi hija no podía hacer nada. Después, cuando se enojó conmigo, la sacaron. No sé si él o por sugerencia de Guillermo Francos, pero la habían nombrado embajadora y ella estaba haciendo una muy buena tarea, porque los hijos no tienen nada que ver con los padres. Hay muchos aspectos de la personalidad de Javier Milei que a mucha gente le chocan, y a mí también. Pero bueno, déjeme ir por otro lado.
Usted conoce la convertibilidad; luego de que el primer año la economía creciera un 10%, hablábamos al principio de su heterodoxia. Ayer en Marcos Juárez ganó el peronismo unido, todo el peronismo cordobés con el peronismo no cordobesista. ¿Cuánto hay de peronismo en usted?
Yo nunca fui peronista. Incluso cuando José Manuel de la Sota me llamó para que fuera candidato a diputado…
¿Por algo lo llamó?
Porque él veía el trabajo que hacíamos a través de la Fundación Mediterránea.
¿Y por algo lo llamó Carlos Menem?
Sí, pero le dije: «Mirá, yo no soy peronista». Además, no comparto muchas cosas del peronismo, y mucho menos la política económica que surge de las veinte verdades peronistas. De la Sota me dijo: «No, justamente quiero que tengas la oportunidad de ayudar al peronismo a modernizar su pensamiento». Le respondí que la gente de mi equipo en la fundación y los empresarios —salvo Astori— eran partidarios del radicalismo y de Eduardo Angeloz. Me ponía en una situación incómoda ser candidato del peronismo, así que le sugerí: «¿Por qué no lo ponés a Juan Schiaretti?». Schiaretti había sido discípulo mío en la universidad y se había tenido que ir porque se había metido en el peronismo en épocas bravas; se fue a vivir a Brasil. Mario Astori, que era peronista y un empresario muy bueno de Córdoba, presidía la fundación, pero no le tenía mucha confianza a De la Sota. Le dije: «Traigamos a Schiaretti, que está trabajando en la FIAT en Belo Horizonte. Es un peronista con experiencia en una empresa como la FIAT». Lo contrataron y lo trajeron a Córdoba. Ya llevaba dos o tres años trabajando con Astori y asistía a las reuniones técnicas de la Fundación Mediterránea. Le dije a De la Sota: «¿Por qué no lo nombrás a Schiaretti?».
O sea, usted es el creador de la continuidad entre Schiaretti y De la Sota.
En ese momento, como Schiaretti había sido un dirigente estudiantil mucho más batallador que el propio De la Sota, vio un competidor potencial y me dijo: «No, quiero que seas vos». Acepté por una razón. Un día Cristiano Rattazzi me llama y me dice que Giovanni Agnelli, junto con el ministro de Trabajo italiano, Gianni De Michelis —que era presidente del Aspen Institute Italia—, organizaba una reunión con dirigentes latinoamericanos e italianos para discutir temas económicos y políticos. Voy a Italia y justo había terminado de escribir Volver a crecer. Mencioné un eslogan que le había tomado al padre de Adolfo Sturzenegger: que había que organizar la economía no como una opción puramente capitalista o socialista, sino entendiendo que las economías tienen un área pública y otra privada capitalista. Pero no podía haber un socialismo sin plan ni un capitalismo sin mercado y sin competencia. Teníamos la peor combinación del sistema. Expliqué eso en mi presentación y después le tocó hablar a un dirigente italiano mayor, pelado, que empezó a elogiar lo que dije. Le pregunté al amigo italiano que tenía al lado quién era y me dijo: «Es el ministro de Relaciones Exteriores en la sombra del Partido Comunista Italiano». Le pregunté cómo podía ser y me dijo: «El comunismo italiano está cambiando totalmente de enfoque. Yo soy diputado por el comunismo».
Entonces usted podía hacerlo por el peronismo.
Claro. Pensé: si el comunismo italiano está cambiando su enfoque sobre temas económicos, a lo mejor puedo ayudar a que el peronismo también los cambie en la Argentina. Entre paréntesis, aquel dirigente italiano después llegó a ser presidente de Italia.
Entonces usted es el padre del cordobesismo, porque le recomienda Schiaretti a De la Sota y termina siendo el continuador.
Hay un montón de anécdotas alrededor del peronismo cordobés que me involucran. Cuando entro como diputado, Schiaretti viene como asesor a trabajar conmigo en la Cámara de Diputados. Después fue secretario de Industria y subsecretario de Asuntos Latinoamericanos en la Cancillería.
Lo que pasó en Marcos Juárez indica que el peronismo puede unirse alrededor de una postura de centro. ¿Hay algo en el cordobesismo que pueda ser el peronismo del futuro?
Bueno, no se si el peronismo del futuro pero un cordobesismo que pueda contribuir a nivel nacional. Si De la Sota no hubiera fallecido en aquel accidente, sería un candidato a presidente, porque tenía muchas virtudes políticas como Menem. Pero el caso de Schiaretti es muy interesante. En 1993, en una interna dentro de lo que hoy es el cordobesismo, hubo distintas corrientes: una liderada por De la Sota —que estaba de embajador en Brasil— y otra que presentaban como «el cavallismo dentro del peronismo», donde Schiaretti era el líder y ganó la interna. El jefe de la juventud que trabajaba con Schiaretti era Juez, o sea que todos vienen más o menos del mismo tronco, del cual quizás surja un peronismo de centro.
Nos están pidiendo entregar el programa. De aquí a dos meses lo vuelvo a entrevistar para continuar con estas historias del pasado que resuenan en el presente y en el futuro.
Creo que el cordobesismo puede jugar un rol importante hacia adelante, como un movimiento que tiene ingredientes peronistas, pero también otros componentes.
Muchísimas gracias, fue un gran placer conversar con usted.